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[Libre] Sálvame de la oscuridad...

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[Libre] Sálvame de la oscuridad...

Mensaje por Melilah Rose Knight el Dom Mayo 18, 2014 1:36 am

El día despertaba junto al cantar de los jilgueros en mi ventana, aquel dulce sonido rozando la perfección –si es que ya no lo era-, creado por la más maravillosa fuerza engendradora: la naturaleza, la única capaz de concebir las cosas más bellas que los sentidos pueden llegar a percibir, aunque no todos puedan ser conscientes de todos fascinantes obras de arte.
Todo aquel revoloteo de alas y cánticos, junto a la brillantez del sol entrando por entre las persianas hizo que me levantase poco a poco, primero entreabriendo mis ojos con un suspiro, luego estirando mis extremidades lo máximo posible hasta sentir que el adormecimiento de mi cuerpo se disipaba. Un poco a regañadientes me desprendí de mis cálidas sábanas de algodón egipcio que eran sin lugar a dudas mis favoritas, y después de ello tomé mi camisón de seda, colocándolo en torno a mi cuerpo para cubrirlo del frío vespertino que sin saber bien cómo, había llegado a adueñarse de mi habitación.

Entré a la sala de baño y abrí el agua caliente de la ducha, dándole tiempo al vapor a calentar el lugar mientras me permitía un momento para cepillar mis dientes e inundar mi boca con el fresco sabor a menta de la pasta dental. Me desvestí por fin, dejando mis prendas sobre el suelo del lugar ya envuelto en aquel efluvio cálido y entrando a la tina, en donde me aguardaba una cascada de agua que abrazaba mi cuerpo y que provocaba un tibio y gratificante cosquilleo en mi piel.

No demoré más de quince minutos en terminar luego de haber limpiado minuciosamente cada parte, dejando un suave aroma brotando de mí y de haberme asegurado de que mi cabello estuviera completamente seco. Envuelta en una toalla, salí de aquel paraíso de vapor, volviendo a la frialdad de mi habitación, donde corrí al encuentro de mi ropa de trabajo para apaciguar el clima que asaltaba  aquel lugar, y me cubrí con mi ropa interior de encajes blancos –regalo de una vieja amiga- para luego fundir mi cuerpo en una falda tubo ceñida de color cian, y una bonita blusa durazno que era una de mis favoritas. Enfundé mis pies en unas sandalias pastel, y encendí la T.V de la sala mientras bebía un vaso de zumo de naranja oyendo pronosticar el clima a un joven de ojos claros y bonita sonrisa. Al parecer hoy sería un día nuboso, aunque oírlo decir que el día siguiente había un sol totalmente despejado alegró mi mañana.

Peiné mis pestañas hacia arriba mientras observaba mi rostro en el espejo, y pinté mis labios de carmín, que iba a juego con el color de mis uñas, y con un suspiro recogí mi cabello achocolatado en un rodete aunque aquello me molestara. Rocié mi cuello con mi perfume favorito: Nina Ricci, y salí con mis anteojos y un libro en mano de mi apartamento para dirigirme a la biblioteca nacional, donde trabajo de bibliotecaria.

Mis pasos resonaban en el suelo de parqué, provocando un eco que me sonaba divertido y reconfortante, como si alguien caminara junto a mí… Suspiré profundamente una vez más. Aquello era absurdamente imposible, puesto que a pesar de llevar unos meses viviendo en aquella maravillosa ciudad, no había podido entablar relación con ninguna persona que no fuera mi jefe –al cual veía dos veces por semana para organizar su agenda, o por alguna revisión del inventario-, y eso me hacía sentir sumamente sola, aislada, como si fuera un cero a la izquierda para el resto del mundo.

Lo más doloroso es que aquella sensación parecía haberse vuelto carne de mi carne, fusionándose conmigo después de todos los siglos que llevaba mi existencia tan completamente vacía y llena de absolutamente nada. [i]Estaba sola desde siempre…

El sonido del ascensor detenerse y abrir sus puertas frente a mí me quita de mi ensoñación y mis fantasmas vuelven a su cajón, escondiéndose… Por ahora. Di un par de pasos hasta quedar dentro de él y presioné el botón que recitaba “PB” –o “planta baja”- observando cómo las puertas se cerraba de forma metódica y sistemática frente a mí y comenzaba a descender lentamente.

Abrí mi libro mientras una música de piano tranquilo invadía el cubículo y hacía la espera menos deprimente ya que mi piso era uno de los últimos del edificio –para ser más exactos 22 de 25-, y mi vista comenzó a hundirse en las palabras de aquel ejemplar, casi tanto que me exalté cuando el ascensor se detuvo de repente, haciéndome observar el número con incredibilidad. Citaba el piso número “19” y una persona entró, acomodándose a mi lado.

_ Bonjour… –Balbuceé de forma amable, pero no me detuve a mirar a mi acompañante, quien correspondió a mi saludo y preguntó de forma gentil si bajaba al último piso, a lo cual respondí con un asentimiento y el mecanismo volvió a su marcha, descendiendo de forma tan lenta que parecía casi doloroso.

Me sentía algo incómoda, quizás porque nunca sé cómo enfrentar situaciones así, nunca sé cómo comenzar una conversación con un desconocido, así que sólo me dediqué a seguir leyendo intentando concentrarme, aunque aquello fuera tan difícil como mantener el equilibrio sobre la cuerda floja.

Un estruendo sonó, irrumpiendo el silencio sepulcral entre ambos como un trueno en medio de una noche calma. El ascensor se detuvo bruscamente, tanto así que me hizo tambalear, y de un momento a otro el piano de fondo fue acallado estrepitosamente, llevándose consigo la luz artificial.

_ ¡NOOOO! –fui capaz de proferir al sentir la oscuridad cernirse sobre mí como la muerte que toca tu hombro con su esquelética mano a la hora de partir.

Mi respiración comenzaba a acelerarse casi impidiéndome respirar, con la desesperación a flor de piel que se adueñaba de mí, y en ese momento no sé cómo, pero me aferré a mi acompañante con fuerzas, con mi corazón palpitando similar al de un colibrí enjaulado.

_ Por… favor… -Intenté articular a duras penas aguantando los deseos de llorar- Por favor… Dime que saldremos de aquí…

Quería creerlo… Necesitaba en verdad creer que la oscuridad se iría lejos de mí…


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Re: [Libre] Sálvame de la oscuridad...

Mensaje por James P. el Dom Mayo 25, 2014 4:42 pm

Despierta en la cama de un hotel que presume barato. A su lado duerme una chica rubia que no conoce ni tiene ganas de conocer.

Se levanta sin muchas ganas, recogiendo su ropa del suelo al tiempo que enciende un cigarrillo. Se abotona la camisa, mientras estudia el lugar: un par de copas de vino, una botella medio vacía, un par de condones en el piso.

Disgustado se pasa la mano por el corto cabello. Se marcha sin hacer ruido y sin dejar una nota, justo cuando escucha la respiración de la mujer agitarse. Por un momento siente lástima, ¿cuántas se habían sentido especiales, pensando que él volvería? Seguramente muchas. Lo cierto era que nunca regresaría, por una sencilla razón: jamás se acostaría con la misma mujer dos
veces.

Observa el número del piso algo agobiado. En otra ocasión, hubiese utilizado las escaleras. Se echa la chaqueta al hombro, y  espera con ansias que el ascensor termine el recorrido.

Vuelve a pasarse la mano por el cabello cuando las puertas se abren frente a él. Le dedica una sonrisa a la chica que dentro se encuentra, aunque duda que le vea, pues parece estar muy enfocada en lo que lee. Alza las cejas, entrecierra los ojos. Su mano derecha va a parar al bolsillo respectivo del pantalón.

- Buenas, bella dama –murmura. Mira el número que avanza lento, casi doloroso. Se mantiene calmo, esperando que el tiempo vaya con más velocidad de la habitual.

Por un momento piensa en darle al botón rojo presente en el panel, aquel que detiene los mecanismos. Solo para desesperarla un poco, para sorprenderla quizás. Sabe que no le costaría manipularla, que sería suya en menos de dos minutos. Ríe por lo bajo, antes de agregar:

- ¿Baja también hasta el primer piso? –ladea un tanto la cabeza, mirándola de reojo. Se apoya contra el panel, llevando una mano por detrás de la espalda.

Ella asiente, luego se concentra en la lectura. Eso de cierta manera le disgusta. Lleva la mano libre a su cabello, y entrecierra los ojos antes de accionar la perdición hecha de plástico y pintada de roja…

El efecto es inmediato. Se apagan las luces, se detiene el ascensor. Él puede ver pero sabe que ella no. Ha entrado en su juego y no podrá salir, al menos no sin antes darle lo que le va a pedir.

Lo que le sorprende y no vio venir, fue el que se aferrara a su cuerpo con tanta desesperación. Por un momento piensa que sus intenciones eran comunes, pero enseguida se da cuenta de que está equivocado. La escucha con atención y sonríe ladino, chasquea los dedos y una débil llama crece en la palma de su mano.

- Hagamos un trato –musita con su seductor y usual tono de voz- Yo te doy lo que quieres… -y chasquea nuevamente los dedos- a cambio de una pequeña cuota.

Sabe que ahora no podrá escapar; haga lo que haga, él la sabrá atrapar.
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